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La curiosa historia de Geo Chávez, el aviador peruano que cruzó los Alpes en avión por primera vez
Vienes de hacer una caminata por los alrededores de Brig, pasando por un sendero con unas vistas geniales de los Alpes. Cansado, llegas al pueblo, y en la plaza mayor encuentras una fuente para saciar la sed. Bebes con avidez el agua pura del corazón de los Alpes suizos, levantas la cabeza para tomar aire y volver a beber, pero al hacerlo ves una placa conmemorativa que dice “Geo Chávez”. Confuso, levantas un poco más la cabeza y ves una estatua de cobre de un hombre con alas de plumas, como si se tratara de un ángel. ¿Qué hace en un pueblo de habla alemana un hombre con alas que se llama Chávez? Como puede delatar la estatua, tiene que ver con volar, y no hablamos de ningún santo ni ángel, sino de aviación.
La historia de la aviación está llena de emprendedores que, con pocas garantías de salir ilesos, han decidido despegar y demostrar al mundo que lo que imaginamos, y a veces deseamos, también es posible. Fue gracias a ellos y a sus demostraciones que hoy contamos con vuelos comerciales y podemos visitar, ver y apreciar países de todo el mundo. Nombres como los hermanos Wright, Alberto Santos-Dumont, Clément Ader, Blériot... Pero ¿quién es Geo Chávez? Pues fue el primer aviador en sobrevolar los Alpes, el 23 de septiembre de 1910.
Geo Chávez nació en París, hijo de peruanos acomodados que habían emigrado después de la Guerra del Pacífico (1879-1884), que enfrentó a Chile con Bolivia y Perú. Desde pequeño nunca le faltó de nada, y destacaba en numerosos deportes: el fútbol, el tenis, el atletismo... Fascinado por el vuelo de Blériot sobre el canal de la Mancha, en 1909 entró enseguida en la escuela de aviación para obtener la licencia. En 1910 ya participa en diferentes competiciones de vuelo. Sus hitos más destacados fueron mantenerse 1 h y 42 minutos en el aire en Reims y alcanzar 2652 m de altitud en Issy-les-Moulineaux.
Con todo esto, ya estaba preparado para el siguiente gran reto: sobrevolar las altas montañas de los Alpes para ir de Suiza a Italia. En el primer intento, tras unas fuertes turbulencias a los 42 minutos de vuelo, vuelve a bajar. De los 20 pilotos que se presentaron para afrontar el reto, solo quedaron 2. El otro, viendo la situación meteorológica, se echó atrás en el último momento. El 23 de septiembre de 1910, Geo Chávez no se lo pensó. Antes de despegar, dijo: “Pase lo que pase, me encontraréis al otro lado de los Alpes”. Dicho y hecho. Con el modelo de avión Blériot XI, ganó altura siguiendo el glaciar Aletsch, para después dirigirse al puerto del Simplón, a más de 2000 metros de altitud. Con cincuenta minutos de vuelo ya se aproxima a Domodossola, su destino. El vuelo no ha sido fácil. A pesar del abrigo de lino y amianto (para crear una capa aislante), los guantes no calientan lo suficiente, y tiene las manos casi congeladas. A 20 metros de altitud, a solo 3 kilómetros del pueblo, un golpe de viento desequilibra el avión y, con las manos como las tiene, la reacción no es lo bastante buena. Las alas se desprenden parcialmente y se doblan hacia atrás; el avión cae en picado al suelo.
Consciente, con las dos piernas rotas y alguna hemorragia interna, Geo todavía daba batalla. Mucha gente acudió a rescatarlo, y aún pudo responder algunas preguntas de algún periodista antes de ir directo al hospital. Allí pasó 4 días antes de morir por pérdida de sangre. Sus últimas palabras fueron: “Arriba, siempre arriba”.
En Suiza hay muchos personajes históricos que han marcado la historia de Europa. En nuestro blog hemos hablado de unos cuantos.
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